INFIERNO

Categoría: METAFÍSICA Y MÍSTICA
Fuente: Basado en el A.D.A.M.A. y el Libro de Samahel
Significado: “lo inferior”, “parte de abajo”
Símbolo:

Palabra que procede del latín Infero “lo inferior” o de Infernus, la “parte de abajo”. Tiene un sentido filosófico neoplatónico, apoyando la idea evolutiva de alma (parte divina) y del cuerpo (parte mundana). Entre los egipcios, no fue el infierno un lugar de castigo por el fuego hasta la XVII ó XVIII dinastía, cuando Tifón fue transformado de un dios a un diablo.
La idea supersticiosa de un lugar abrasador y de almas atormentadas en él, es una conjetura puramente egipcia históricamente inculcada y extendida entre las masas ignorantes.
En la Biblia se relaciona el término “infierno” con la Gehenna, aunque esta voz hebrea jamás tuvo en realidad el significado que le dio la ortodoxia cristiana; pues era en sí el nombre de un valle de Jerusalén llamado Ge-Hinnom, profanado en la antigüedad por sacrificios de niños, los cuales eran quemados en ofrenda al dios Moloch (Levítico 18,21), por lo que a partir de entonces fue considerado sinónimo de un “lugar maldito”.
En Números 16,33 aparece la palabra “Seol”, de raíz desconocida, que designaba las profundidades de la tierra, un lugar a donde “bajaban” los muertos y en el que, buenos y malos, tendrían una lúgubre supervivencia. Un ámbito donde no se alababa a Dios, aunque el Poder del Único se ejercía incluso en aquella desolada mansión.
La doctrina hebrea de las recompensas, de las penas de ultratumba y de la resurrección, no aparece claramente hasta el final del Antiguo Testamento (Libro de la Sabiduría 3,4s.s.), en conexión con la creencia de la inmortalidad (atanasia), tan familiar entre los griegos. De hecho, según la creencia griega, existía el Hades o Aides; “lo invisible”; el reino de las sombras, siendo el Tártaro una de sus regiones, lugar de oscuridad completa parecido a la región del sueño sin ensueños del Amenti egipcio.
El Hades era un escenario de justicia retributiva, kármico, pero no el infierno que se predica en la ortodoxia cristiana; y curiosamente así lo confirma el hecho de que, tras haber pasado allá un tiempo pertinente de expiación (purificación) de sus culpas, y antes de abandonar el reino de las sombras, las almas debían beber de las aguas de uno de los ríos allí existentes, el Leteo (del griego Lethé, “olvido”) el cual tenía la virtud de borrar el recuerdo de su vida anterior, dejando en la memoria tan sólo vagas reminiscencias al reencarnarse. Con esta alegoría tan ingeniosa, los antiguos griegos explicaban la pérdida de memoria de nuestras vidas pasadas.
Tanto en el Libro de Samahel como en el A.D.A.M.A.(especialmente en el Libro de los Guardianes) se nos dice que el infierno no existe en otro mundo, en otro plano, sino que se encuentra en la Tierra, en la mente humana; donde purgamos nuestras culpas, ofensas o agravios, hasta reintegrarnos con Dios, la Luz Una.
Así pues, cuando en estos textos se hablamos de “infernales”, “abismados”, o “caídos”, referimos estados mentales, terrenos y tangibles en oposición a: “Elevados”, “Celestiales” y “Reintegrados”.