NOMBRES DE LA DIVINIDAD

Categoría: NOMBRES DE LA DIVINIDAD
Fuente: Basado en el A.D.A.M.A. y el Libro de Samahel
Significado:
Símbolo:

Existe una cifra mágica que se repite sin cesar durante todo el Génesis: 26. Y así la cita en la que Dios crea al hombre se halla, precisamente en el versículo veintiséis. El cuarto libro de dicha obra (el más misterioso de todos ellos) consta de veintiséis versículos terminando con el Nombre de su Autor; YHVH. También son veintiséis las generaciones que, según la Biblia, se sucederían entre la aparición de Adán y el nacimiento de Moisés… y los ejemplos se podrían repetir hasta la saciedad.
Esta reiterada alusión al número 26 se basa en la doctrina numerológica de la Cábala que con esta cifra representa al Tetragrámaton, es decir las cuatro consonantes (yod, he, vau, he) que fueron estudiadas gemátricamente con estos resultados. YHVH es 10 + 5 + 6 + 5 = 26.
El Tetragrámaton fue llamada la “palabra perdida” y era el más excelso nombre, pues cada una de sus consonantes revelaba uno de los cuatro aspectos de la realidad divina total; también era llamado el “nombre único” a causa de su extraordinaria fuerza, y solo era pronunciado una vez al año en el Sancta Sanctórum por el Sumo Sacerdote que era el único que conocía el “Nombre Secreto” que incluye todos los restantes nombres divinos, los cuales sólo muestran aspectos particulares del Principio Universal.
Los hebreos mantenían que eran 73 los Nombres de Dios, uno de ellos desconocido. Otras culturas que son 100, de los que 99 son conocidos y uno desconocido u oculto. Lo más curioso es que en todas las culturas y antiguas religiones se concedió una importancia al Nombre Impronunciable de la Divinidad que sólo era revelado a un Alto Iniciado que lo pasaba a otro sucesor para que Comulgara con Dios. Algo muy similar podemos leer tanto en el A.D.A.M.A. como en el Libro de las 2.000 Páginas, cuyos misteriosos textos parecen ocultar con símbolos y velos el Nombre Oculto cuyo Conocimiento significa “la última palabra de las ciencias humanas y la llave del poder divino”, es decir, un importante medio de unión con Dios.
Es curioso observar, por ejemplo, cómo las bacantes griegas y romanas, en su embriaguez, parecían adivinar gritando el nombre místico de la Divinidad cuando en las fiestas a Baco pronunciaban hasta el delirio ¡IOEVOHE!, sonido bastante parecido a IOVAH. JEHOVAH, YAHAVEH, JOVE.
Sin el Tetragrámaton, la magia o la mística es incomprensible y sería imposible penetrar en ninguno de los grandes misterios antiguos o modernos… pero ¿cuál es ese NOMBRE?